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LA ESTACIÓN DE
PENITENCIA
Constituyendo el culto público a Dios nuestro Señor y a su Madre, la Virgen Santísima, el fin principal de esta Hermandad y Cofradía de Nazarenos, la Corporación, cumpliendo lo que señalan sus estatutos, celebra su principal acto de culto anual realizando su Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral, en la noche del Viernes Santo, acompañando a sus Imágenes Titulares, con el piadoso fin de celebrar la gloriosa Pasión de Jesús, Su Muerte victoriosa. Destaca como símbolo de salvación la Cruz del señor. El Señor está firmemente clavado en la Cruz. Había esperado muchos años y en aquel día se cumplía un deseo de redimir a los hombres. Lo que había sido un instrumento infame y deshonroso, se convertía en el árbol de la vida y escalera de la Gloria. Una honda alegría le llenaba el extender los brazos sobre la Cruz, para que supiéramos los hombres que así tendría siempre los brazos para los pecadores que se acercaran a Él: abiertos. En el día en que se conmemora la muerte de nuestro Salvador, los hermanos del Calvario, revestidos de su característico estilo de severidad, silencio y compostura y con la naturalidad que ofrece el rito conocido, pero no aprendido, y como reflejo de un ensimismado estado interior, acompañan al Santísimo Cristo Yacente de la Paz y la Unidad, a Ntra. Sra. de Fe y Consuelo y a Santa María del Monte Calvario, como nazarenos, portadores o acólitos, pero siempre en la conciencia de celebrar un solemne acto de culto público que se repite con una fidelidad secular a unas formas propias de religiosidad que se han venido configurando desde el comienzo de la Hermandad. Según una antiquísima tradición, la Iglesia no celebra los sacramentos en este día ni el siguiente. El altar debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin candelabros, sin manteles.Ayuno y abstinencia se incluyen como precepto a obedecer, como lo dice el Código de Derecho Canónico en el número 1251, 1252 y 1253, en el cual los días de guardar ayuno y abstinencia son el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Las edades son de 14 a 59 años. El ornamento sacerdotal para esta solemnidad es color rojo. La primera parte es la Liturgia de la Palabra y la Oración Universal. Se lee la Pasión del Señor según el Evangelio de San Juan. La segunda parte es la Adoración de la Cruz: el leño del Calvario no es sólo un suplicio, sino sobre todo la cruz exaltada. El celebrante, los ministros y los fieles van a postrarse sucesivamente delante del crucifijo en señal de adoración de Cristo, triunfante por la Cruz. La tercera parte es la Sagrada Comunión se distribuye únicamente a los fieles dentro de la celebración de la Pasión del Señor; a los enfermos, que no pueden participar en dicha celebración, se les puede llevar a cualquier hora del día. El destino de la procesión es la Catedral de Málaga. En ella se produce un impresionante silencio apenas roto por las preces de D. Manuel Gámez y por las piezas que la Coral de Santa María interpretan, que como un lamento preparan la escena. Poco después la dulcísima Virgen del Monte Calvario se apresura para estar cerca de su hijo. Esta procesión es una manifestación de la fe cristiana que indica la tristeza que tiene la Iglesia de ver a Cristo muerto. Es una demostración al mundo a lo que lleva el egoísmo, la soberbia y el pecado. Se ha ejecutado a un hombre justo sin causa alguna, condenado por haber mostrado a la humanidad que tanto ama Dios al hombre que se hizo hombre para salvarla. Por eso tras la visita a la Catedral, el ritmo de la procesión se torna aún más presuroso al haberse cumplido lo esperado, quedando, ya sólo, que acogerá, durante un año, a las Sagradas Imágenes en la penumbra de su Capilla, recibiendo el cariño, las oraciones y las súplicas de sus hermanos, devotos y fieles hasta la siguiente madrugada. Podríamos considerar esta procesión como el cortejo fúnebre de Cristo. La imagen de Jesús muerto encabeza la marcha. Tras Él la Virgen María. Detrás el pueblo de Dios en silencio acompaña a Jesucristo y su Madre. En la procesión los hermanos hacen penitencia en señal de duelo y ofreciendo su dolor a Cristo por la remisión de sus culpas y de las culpas del mundo. Algunas personas sienten tanto dolor de ver a Cristo muerto que van descalzos, otros se mortifican cargando cruces. Al igual que la Virgen, los cofrades del Monte Calvario han guardado en su corazón la experiencia de la Institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, la Oración del Huerto, El Vía Crucis y la Muerte de Jesús. En la calma que sucede a la adoración de la Cruz los hermanos del Monte Calvario meditan y profundizan en el sacrificio redentor de Cristo. Los hermanos se sienten tristes por lo que ha sucedido el Viernes Santo pero a la vez inquietos y esperanzados al comenzar propiamente la vigilia que antecede la Pascua de Resurrección. |