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LAS SEDES
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CAPILLA DEL MONTE CALVARIO (ver mapa de localización)
Monte Calvario, S/N (acceso por C/ Amargura) 29012 - MÁLAGA
Tfno: 952 251 442

La Ermita del Monte Calvario fue erigida por primera vez por los frailes Mínimos del Convento de la Victoria como un humilladero en 1.495. Se reconstruyó con una nueva planta en el S XVII. Se amplio y se le hicieron nuevas obras en el s. XVIII.  Tras la guerra civil de 1936 a 1939 fue muy reconstruida. En 1973 se le añadió la nave lateral. Su fachada se reconstruye en 1983 y el 1989 se construye la explanada-mirador, la cripta de columbarios y otras dependencias, proyectando las obras el arquitecto Andres Gutierrez Istria y el Ingeniero y hermano de nuestra corporación, Francisco Carmona Conde.

En 1997 se cierra al culto por el grave estado en que se encontraba el tejado. En 1998 durante la obras del nuevo tejado, se desploma el lienzo del muro de poniente. Se reconstruye de nuevo con ayuda del Ayto. de Málaga siguiendo el proyecto técnico de Antonio Valero del Valle –arquitecto – y Fernando Valero –aparejador- y se bendicen las obras en 1999 por el Obispo D. Antonio Dorado Soto.  En el año 2004 y 2005 se impermeabiliza la explanada-mirador y se pone nueva solería. Se amplia la cripta de columbarios.
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LAS AVES DE MONTE CALVARIO, VICTORIA Y CERRO SAN CRISTOBAL

Casi en el centro de esta ciudad hay un pequeño bosque de pinos que resiste valientemente al empuje de la ciudad, conformando un espacio natural en el que con el paso de las estaciones del año podemos observar un amplio muestrario de la fauna ornitológica que viene a pasar el invierno entre nosotros, que cría a la siguiente generación al abrigo de nuestro benigno clima mediterráneo o simplemente va de paso en ese viaje atávico que los lleva en pos de la abundancia: en verano hacia el norte, en invierno hacia el sur. La mayor parte de nosotros lo conoce muy bien: en él se enclava la capilla de Monte Calvario, y lo conforman esta pequeña loma que se levanta casi por sorpresa sobre la aburrida planitud del “nivel del mar”, Monte Victoria y el Cerro San Cristóbal, al que los habitantes de esta ciudad, aficionados al juego de cambiar los nombres de las cosas por otros basados en la mayor de las evidencias, llamamos Monte de las Tres Letras.

Ciertas benditas condiciones de altura y pendiente han conseguido salvarlo de la presión urbanística, pero además, el hecho de que este casi conectado con las estribaciones del Parque Natural de los Monte de Málaga al norte y de que en un espacio pequeño se dé la presencia de una buena variedad de habitats lo convierten en un lugar de excepcional riqueza en lo que a fauna y flora se refiere. Es más, yo diría que el la zona es casi un pequeño “milagro”, cotidiano, nada espectacular quizás, pero complejo, interesante y hermoso, si sabemos mirarlo con un poco de atención.
En esta “mancha” de naturaleza asediada por la ciudad, se pueden llegar a ver hasta 67 especies distintas de aves a lo largo del año, 78, si contamos también aquellas que pasan de modo esporádico aprovechando las corrientes térmicas que les facilitan el planeo migratorio o que han llegado hasta aquí despistadas, victimas de un temporal que las ha desviado de sus rutas más habituales.

Muchas de estas aves utilizan la zona como estación de repuesto en su viaje migratorio: paran aquí unos días, comen algo de acá y allá, y continúan su viaje, que ha de llevarlas bastante lejos. Y esto lo hacen a principios de la primavera y de vuelta, al final del verano. O lo que es lo mismo, para estas especies la zona es un lugar esencial de paso, un descanso en el camino que puede marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso de esa epopeya anual que es la migración. Ese el caso del Gavilán, el Águila Culebrera, el Alcaudón, el Chotacabras pardo, nuestra Golondrina común o la Daurica, el Papamoscas cerrojillo, que no falta nunca a su cita de febrero y octubre, y el club de los raros: el Autillo, por desgracia cada día más escaso, o la Collalba Rubia, esquiva y difícil de ver, pero que todos los años tiene a bien deslumbrarnos con su brillante plumaje estival sobre las rocas del Cerro San Cristóbal.

Otras utilizan la zona como lugar de cría, y desde principio de primavera a final del verano, el bosque y el matorral bajo que lo rodea se convierte en una especie de guardería gigante de aves, donde los padres se enfrascan en el frenesí loco de alimentar a sus pollos. Cuando el trabajo llega a su fin, unos y otros parten hacia el sur, buscando tiempos más calidos. Otra circunstancia que nos aporta luz sobre la importancia para las aves de “nuestro” bosque: en él muchas han encontrado un lugar donde poder dar continuidad a la especie, cosa que nos habla también del buen estado de conservación del mismo. En esta categoría están el Papamoscas gris, infatigable cazador de mosquitos que llena de vuelos acrobáticos casi imposibles el bosque en verano, la Tórtola común, escasa y tímida poniendo la nota de arrullos de primavera, el Cuco común, siempre a la búsqueda de un nido de oportunidad y que se deja oír durante unos breves días en el mes de Abril y Mayo o la Abubilla, tocada de blanco y negro, colores que le confieren una dignidad que dicen que sus costumbres le niegan.

Ciertos grupos de aves, instintivas conocedoras de las bondades del clima, vienen a la zona a pasar el invierno, entre ellas encontramos alguna de esas especies cuya presencia nos da una idea de la salud del bosque, por ejemplo, el Águila calzada, de la que todos los años hay algún ejemplar cazando las distraídas palomas que sobrevuelan la zona, confiadas de que en una ciudad ya solo quedan gaviotas y hombres.  O el Colirrojo Tizón, que ocupa el espacio que a final de verano abandona el Papamoscas Gris y que llena de fogonazos de brillante color el bosque en invierno junto con el Petirrojo. También en invierno contamos con eficaces insecticidas alados, aparte de estos últimos, el Mosquitero rebusca en cada hoja de pino, bajo cada hoja de encina algo con lo que resistir el invierno. Y el Avión roquero, la única golondrina que pasa el invierno en Europa, sobrevuela con la facilidad con la  que sólo ella puede hacerlo los tejados de la Ermita y del edificio del Seminario Mayor en grandes bandos que esperan juntos esa señal que los devuelve al Norte.
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No obstante no todo es tanto ajetreo de ida y vuelta. Un buen número de aves tienen la zona como residencia  y es posible observarlas a lo largo de todo el año. Ese es el caso de las aves forestales por excelencia, los paridos, bien representados por el Carbonero común, el Carbonero Garrapinos, el Mito o el Herrerillo capuchino, todos ellos miembros de una misma familia tocada de múltiples colores y tamaños. También es posible ver durante todo el año al Agateador común, una especie de pájaro acróbata que a veces nos mira colgado desde la rama de un árbol, pensado quizás que somos nosotros los que andamos cabeza abajo. El Verdón, el Jilguero, el Verdecillo y el Pinzón y el Piquituerto representan a los Fringílidos, una familia a la que su llamativo canto ha hecho un flaco favor y los ha convertido en codiciados trofeos de jaula. En las zonas de matorral que bordean el bosque y que cubren el roquedal de la cima del Cerro de San Cristóbal es frecuente encontrar Currucas, Escribanos Montesinos, Cogujadas, y desde luego las vistosas Tarabillas.

 Y si esta abundancia, de la que las especies de las que hemos hablado son sólo un pequeño ejemplo fuese poca cosa, además, la zona atesora una serie de aves que podrían considerarse las joyas de la corona: , especie tremendamente escasa de la que las ultimas estimaciones hablan de 14.000 parejas en toda España y Portugal. La mala noticia es que tan sólo nos quedan un par de ejemplares en la zona, la buena es que son pareja y llevan un par de años intentado criar, hasta ahora sin mucho éxito, la verdad. En esta categoría de especiales también se incluye el Reyezuelo listado, no tanto por su escasez, sino por su delicadeza y belleza. El Reyezuelo es el ave más pequeña de Europa, no supera de 10 centímetros, y suele asomar el brillante color naranja de su cabeza por entre los pinos y olivos durante todo el año.  En el lado opuesto se encuentra uno de los predadores alados más impresionantes de la Fauna Ibérica, el Búho real, que se dedica durante largos periodos del año a cazar ratas por la zona y  deja la misma para intentar establecer un territorio de cría en los Montes de Málaga. Tener un ejemplar de esta especie “paseándose” por la zona es un lujo del que pocos bosques de estas características pueden vanagloriarse. De la competencia diurna del Búho se encargan el Halcón peregrino, y el Azor. Ambos son difíciles de localizar y en la mayor parte de las ocasiones sólo se les puede ver un par de veces o tres cada año, eso si, si una de esas veces los “pillamos” en la faena de caza de la que son auténticos maestros, el recuerdo se hace imborrable hasta quizás el próximo encuentro.

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Este pequeño dibujo de la fauna que habita la zona se deja en el tintero muchos nombres de aves, reptiles, pequeños mamíferos, y sobre todo, plantas y árboles que dan refugio, alimento y soporte a las comunidad de aves que la habita. Casi ninguna de ellas estaría aquí sin la otras ya que el bosque, la zona de roquedal y de matorral bajo que conforman este pequeño, pero riquísimo hábitat, no es posible sin todas y cada una de las pequeñas piezas que lo integran, tanto las que vemos como las que no. Esas piezas que parecen empeñarse en un movimiento perpetuo que hace que la vida sea tan tenaz como para resistirse a desaparecer o a menguar en su riqueza, pese a que nosotros nos dediquemos con todo nuestro empeño en todo lo contrario. Quizás esa tenacidad sea una de esas respuestas importantes que dicen que están escritas en las cosas más simples.


CASA HERMANDAD (ver mapa de localización)
C/ Fernando el Católico, 28. 29013 - MÁLAGA
Tfno: 952 266 601

Situada en calle Fernando el Católico, 28, se inauguró en el año 1995 y está dedicada a San Francisco de Paula, cuya imagen se ubica en una hornacina de la fachada. La fachada de la Casa-hermandad es una recreación de la de la Capilla y fue proyectada por el Arquitecto Andrés Gutierrez Istria, que ya había realizado el proyecto de intervención en la Capilla y la explanada-mirador realizado en 1989.

Consta de un sótano - albacería; planta baja - almacén de tronos; galería interior con aseos; archivo, sala de Juntas y terraza.
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