DOSSIER: "UN CRUCIFICADO PARA LA ERMITA DEL CALVARIO"

Un grupo de devotos del Calvario (hermanos y fieles) trabajó durante tres años (2002-2005) en una comisión para recabar fondos y poder regalar a la Capilla y a la Cofradía, la imagen de un Cristo Crucificado de la mejor hechura posible para que reciba culto.
Contactaron con uno de los mejores escultores del momento – Juan Manuel Miñarro – , le transmitieron sus ideas y su entusiasmo; enviaron la oportuna solicitud de aprobación a la Comisión Diocesana de Patrimonio, sin cuya autorización no se puede poner una imagen al culto. Contaron con esta aprobación y la imagen está en la Capilla desde marzo del 2005.
En otro artículo del boletín encontramos una breve descripción técnica de la imagen realizada por el escultor. Si hermosa fue la obra en ejecución, no es nada con la impresión que nos causa terminada y puesta en su capilla.
Ante esta donación con la advocación de Santo Cristo del Calvario y Vía Crucis, aceptada por la Junta de Gobierno, nos planteamos el porqué no incorporar esta advocación señera a nuestro título, como así fue durante cientos de años.
Finalmente y tras leerse la propuesta siguiente, la Junta de Gobierno aprobó llevarla a cabildo para modificar el título de la cofradía y posteriormente remitirla al Obispado para su definitiva aprobación.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA ADVOCACIÓN DEL SANTO CRISTO DEL MONTE CALVARIO
El título de Santo Cristo del Monte Calvario es una advocación determinada por el topónimo, como así lo es la de Santa María del Monte Calvario. Estas advocaciones tienen su origen en la denominación popular más que en la devoción a una advocación concreta.
Son numerosas las evidencias documentales de la antigua hermandad . Vamos a recoger las más significativas.
ORIGEN DEL TOPÓNIMO
A finales del S XV, establecidos ya los frailes mínimos en la antigua ermita de la Victoria, consiguen de los Reyes Católicos acrecentar los terrenos del convento incorporando la Huerta del Acíbar y el Cerro del Humilladero. Aprovechó la Orden la influencia que sobre los reyes tenía el singular Vicario General en España, Fray Bernardo Boíl (que sería el primer sacerdote que celebró la Eucaristía en el Nuevo Mundo y primer Vicario Apostólico de Indias).
Se dio cumplimiento al Real mandato otorgando escritura pública por el escribano público Alonso López de Toledo, en 1495. Se celebró el acto posesorio en la cúspide del Cerro de la Cruz o del Humilladero, labrándose una ermita bajo la advocación del Calvario.
LOS PRIMEROS CULTOS Y LOS ORÍGENES DEL VIA CRUCIS
En 1595, recoge el P. Fray Lucas Montoya en su “Crónica General de la Orden de Mínimos”, “que en la ermita del título de la Cruz, todos los viernes de Cuaresma, amanece mucha gente a hacer oración"

PRIMERA CONSTANCIA DOCUMENTAL DE LA EXISTENCIA DE LA HERMANDAD
Existía ya la Orden Tercera de San Francisco de Paula, cuando el 25 de Mayo de 1656 la Orden primera de frailes mínimos le entrega la propiedad y uso de la ermita, “... siendo así que en dicho Real Convento está la Vía Sacra de las estaciones y pasos que Nuestro Señor anduvo desde el pretorio de Pilatos hasta el lugar y sitio del Calvario, donde murió y fue descendido de la Cruz, lo cual los fieles católicos visitan todos los viernes del año con toda devoción y reverencia...”
Se considera, por tanto, ese año de 1656 como origen y fundación de la Hermandad. Hermandad que probablemente fue la primera en incorporar a la mujer tanto en sus filas de hermanos como en el culto público. También se refiere Medina Conde en sus Conversaciones Malagueñas a que “existió una hermandad de penitencia a mediados del s XVII titulada del Santo Cristo del Calvario y Vía Crucis integrada fundamentalmente por hermanos de la Orden Tercera de San Francisco de Paula, en la que recibía culto la imagen titular”.
HERMANDAD HUMILDE
Se recoge en el Archivo de la Catedral de Málaga una relación de ingresos de la Hermandades en el año 1795 y ahí figura la HERMANDAD DEL MONTE CALVARIO con unos exiguos ingresos de 245 reales.
LANGUIDECE LA HERMANDAD PERO NO EL CULTO
Llega el año 1835 con la Desamortización de Mendizábal y aunque ni la hermandad ni la ermita se ven afectadas, por ser de seglares, la Orden tercera languidece al perder el impulso de los frailes “victorios”, aunque no cesan los cultos ni el ejercicio del Vía-Crucis.
SE AMPLIA LA PRIMITIVA ERMITA
En la Guía Eclesiástica del Obispado de Málaga editada en 1906 figura que “en la cima del Monte Calvario se construyó una ermita con la ayuda de los fieles y de la HERMANDAD DEL SANTO CRISTO DEL CALVARIO”
LAS IMÁGENES DE CRISTO CRUCIFICADO
Encontramos en las referencias anteriores la evidencia de la existencia de imágenes de Cristo Crucificado desde los mismos orígenes de la ermita. Con toda seguridad esa imagen primitiva sería la primera a la que los fieles titularían como Santo Cristo del Monte Calvario.
Poco más podemos encontrar sobre las imágenes aunque existe constancia fotográfica publicada en el Boletín extraordinario del 10º aniversario de la Cofradía (1989) de la existencia de un Cristo Crucificado que se veneraba en una de las capillas laterales. Este crucificado tiene unas hechuras propias de la escuela malagueña del XVIII así que bien pudiera ser el que hubiera en la ermita desde esa época. Coexiste ya con un Cristo yacente que se encontraba al culto en el sotobanco del altar mayor. Ambos se destruyen en 1936.
En 1939 encarga la Cofradía de la Expiración una imagen de Cristo Crucificado a un escultor de Manacor para ser procesionado. La imagen resulta de tan poca calidad artística que enseguida se cambia. Además, estaba sin policromar y ese característico color hizo que popularmente se conociera como el “cristo de la arropía”. Años después, consigue D. Manuel Gámez que quede en depósito en la ermita, recibiendo culto en la pared lateral de levante, no sin antes recibir una mano de pátina por parte de D. José Diéguez. No era por tanto una advocación propia del lugar pero sí cumple una misión devocional. En años recientes donó la Cofradía de la Expiración esa imagen a la parroquia de Ntra. Sra. del Pilar y muy probablemente la ausencia de la imagen del Redentor en la Cruz es la que hace que se añore una imagen de Cristo Crucificado en la ermita.
HUELLAS Y VESTIGIOS EN NUESTRAS SEÑAS DE IDENTIDAD
Desde la reorganización en 1977, tanto la Cofradía en sí como sus hermanos nos hemos sentido herederos de aquella otra que se fundó en años anteriores a 1656. Son muchas las huellas y vestigios que el culto continuado de los fieles y de las sucesivas Juntas de Gobierno han dejado en las señas de identidad de nuestra Cofradía.
Desde el título de "Muy Antigua" de la Hermandad; la co-titularidad de San Francisco de Paula y los muchos signos externos: hábito mínimo, escudo, estandarte mariano, reliquias del Santo “Lignum Crucis” y de San Francisco de Paula, las imágenes de San Francisco de Paula que encontramos en la fachada de la ermita y de la casa-hermandad, etc,.... nos identifican como continuadores de aquella Hermandad del Santo Cristo del Calvario que estuvo formada por miembros de la Orden Tercera de San Francisco de Paula. Los avatares de la historia y la piedad popular hicieron que se reorganizase la hermandad en torno a la SANTÍSIMA VIRGEN dignísima heredera de la primitiva advocación y al piadoso misterio de la SAGRADA MORTAJA.
También en nuestras reglas actuales se recogen analogías con aquellas primeras que se dieron los antiguos hermanos en 1656 como son la celebración de la canonización de San Francisco de Paula en mayo de cada año y el que en nuestra cofradía no hay cargos ni nombramientos honorarios.
Nuestros cultos son herederos y continuadores de aquellos originales: celebraciones los viernes de cuaresma, fomento del Vía-Crucis y mantenimiento de las estaciones, etc...

Una vez más, la piedad popular y la historia van a permitir que vuelva a tener culto en la ermita que hace cinco siglos era un sencillo humilladero, una imagen del Redentor en la Cruz.
La Junta de Gobierno y los hermanos de la Cofradía tenemos ante nosotros la posibilidad de aprovechar la oportunidad que nos ofrece la historia de recuperar para siempre por coherencia histórica, el título por el que durante siglos se conoció a nuestra Cofradía, el de SANTO CRISTO DEL CALVARIO.
Los sentimientos y las vivencias personales de los que ahora dirigimos el destino de la Cofradía son un grano de mostaza en nuestra historia y no deben nublar ni oscurecer los de los muchos que nos han precedido en esta responsabilidad, ni los de los fieles y hermanos que nos antecedieron en la devoción y el cariño al Calvario.
Tampoco el temor a que la devoción al Santísimo Cristo Yacente de la Paz y la Unidad se vea menoscabada, ya que a fin de cuentas, ambas no son más que imágenes de Jesucristo que nos acercan a Dios a través del misterio de la Redención, y ante las que celebraremos la principal manifestación de nuestra fe compartida, la Eucaristía. La Cofradía acoge y acepta con alegría y gozo la acertada iniciativa de un grupo de generosos hermanos y devotos encabezados por nuestro director espiritual M.I. Sr. Don Manuel Gámez López y por nuestro hermano D. Gabriel Ramos Ribot, como representantes de esa comisión que con tanta ilusión y eficacia han trabajado para que se haga realidad que esté expuesto en la capilla a la devoción de todos el Santo Cristo del Calvario, extraordinaria obra de arte del insigne escultor e imaginero hispalense, D. Juan Manuel Miñarro.
CONCLUSIÓN
La historia de las cofradías está llenas de vaivenes. Periodos fructíferos alternan con otros que lo son menos e incluso con desapariciones. No ha sido así en el caso de la nuestra porque siempre ha habido desde aquel lejano año de 1495 un grupo de fieles que unidos por el amor y devoción al Calvario mantuvieron el culto y las celebraciones piadosas populares en la “ermita del título de la Cruz” (como recoge la declaración por parte de la Junta de Andalucía de Sitio de Interés histórico). Ellos, desde nuestra pequeña historia también propiciaron esta oportunidad.
Esta pequeña historia es prueba incuestionable y pone de relieve la vigencia del viejo lema de los Cartujos, que el escultor ha acertado a escribir en un recóndito pliegue de la “pureza” del crucificado, “STAT CRUX, DUM VOLVITUR ORBIS” (Mientras el mundo gira, la Cruz permanece).
